
Marián Mouriño fue la encargada de dar este sábado el pistoletazo de salida al Cristo de la Victoria, una de las celebraciones más emblemáticas y multitudinarias de Vigo con más de dos siglos de historia.
Un pregón en el que la presidenta hiló al club con una cita profundamente arraigada en la historia y la tradición de la ciudad.
Pregón de Marián Mouriño
Hoy vengo ante ti llena de orgullo y de agradecimiento.
Agradecimiento a la Cofradía del Santísimo Cristo de la Victoria,
presidida por Marora Martín-Caloto, y a toda su junta directiva;
de manera especial, a Carlos Borrás.
Gracias también al Arzobispo Joan Enric Vivies, al obispo,
Antonio José Valín Valdés; a don Luis; al alcalde de Vigo, Abel
Caballero; a todas las autoridades que hoy nos acompañan; y a
mi compañero José Enrique Pereira, que hoy cumple uno de sus
sueños portando tu estandarte.
Gracias por elegirme como pregonera del Cristo, que
representa la fe y la devoción de una ciudad que, cada año, se
vuelca a tus pies. Una ciudad que nos deja estampas preciosas
de cientos de miles de personas que procesan acompañándote.
Hoy, frente a todos y en voz alta, quiero agradecerte la
oportunidad de presidir al Celta y al celtismo, elevándolo más
allá del futbol, desde su cultura, su música, su lengua como un
símbolo de identidad, que proyecta a Galicia por el mundo.
Gracias por darme valentía y luz para tomar decisiones en los
momentos oscuros; y afouteza para actuar con determinación.
Gracias por enviarme, a través de don Luis, aquellos mensajes
de aliento en los difíciles comienzos, cuando más los
necesitaba.
Gracias por hacerme entender, que así como la Iglesia
representa la fe y devoción de su pueblo, el Celta representa el
sentimiento de una comunidad entera que se une alrededor de
su escudo, con la cruz de Santiago en el centro, de sus colores,
celestes como el Cielo, y de su identidad Celta.
Como reflexionábamos juntos, el Arzobispo Joan Enrique, el
párroco y junta directiva estos días, El Celta, como la fe y la
Iglesia, pertenecen a su gente y los que dirigimos debemos de
estar cerca y entenderlo.
Gracias, Santísimo Cristo, por concederme el privilegio y la
ilusión de transmitir este sentimiento celeste a las siguientes
generaciones, como lo hizo mi padre conmigo.
Y, sobre todo, gracias por mi familia: Te pido por todos ellos, por
Miguel y por mis hijos, que me apoyan y me acompañan en este
camino tan exigente.
Ante ti y ante todos los presentes, reafirmo mi responsabilidad
de trabajar sin descanso para sentar las bases de los próximos
cien años del Celta.
Unas bases que van mucho más allá del fútbol.
Nos comprometen, cada día, con la formación de los jóvenes
canteranos y canteranas que pasan por nuestras manos
soñando con llegar a ser profesionales. Nuestra función es
formarlos como futbolistas; pero nuestra obligación es
ayudarlos a crecer como personas y educarlos en valores.
Nos comprometen también con la inclusión. A través de
programas como Celta Integra, sus jugadores y jugadoras
encuentran en el fútbol un espacio más igualitario, más abierto y
más feliz.
Y nos comprometen con As Celtas. Permítanme decirlo también
desde el orgullo de ser una de ellas: queremos ser un ejemplo
para tantas niñas y mujeres que todavía encuentran barreras en
su camino; ayudarlas a convertir la ilusión en ambición y a
avanzar con decisión hacia sus sueños.
Por todo esto, para mí el Celta y el celtismo son una auténtica
gracia divina: una fuerza capaz de tocar y transformar la vida de
una comunidad entera.
Permíteme, Señor, seguir ayudando, ilusionando y construyendo
un Celta cada vez más grande y más representativo de ese Vigo
valiente, emprendedor y solidario, que siempre has protegido.
Quiero terminar con una frase que pronunció mi padre hace once
años y que, para mí, sigue expresando una hermosa verdad:
«Sin querer comparar, porque la divinidad es incomparable, no
hay vigués que no quiera a su Cristo y no hay vigués que no
quiera a su Celta».
Muchas gracias.
Además de a este pregón, Marián Mouriño también asistirá al descendimiento del Cristo que tendrá lugar esta tarde y a la procesión del mismo mañana.
Al igual que el celtismo, el Cristo de la Victoria es una herencia compartida que pasa de generación en generación y forma parte de la identidad de la ciudad, por lo que para el Celta supone un orgullo formar parte de un acto tan especial y reforzar, una vez más, el vínculo que une al club con Vigo y sus tradiciones.
